Decisiones Sonoras: El Impacto del Ruido Ambiental y las patatas fritas.

¿Crees que la intensidad acústica de un lugar pueden bloquear las ganas de comerte un antojo?

Un estudio publicado en 2022 confirma que el ruido ambiental interfiere en las elección de alimentos más o menos saludables.

Es común que los  antojos por alimentos apetitosos y el placer que experimentamos al consumirlos son motores poderosos de nuestros comportamientos alimenticios. Estos no solo determinan qué comemos, cuándo comemos y cuánto comemos, sino que están influenciados por nuestros niveles de hambre, estados emocionales y la capacidad cognitiva para regular estas emociones y resistir las tentaciones alimentarias seductoras.

En este estudio, nos adentramos en el intrigante terreno donde la regulación cognitiva y los estímulos ambientales, como el sonido, convergen para esculpir la neurofisiología de los antojos alimentarios.

La hipótesis plantea que el ruido ambiental, especialmente cuando es fuerte, tiene el potencial de mermar nuestra capacidad para pensar en las consecuencias futuras asociadas con la comida.

Para arrojar luz sobre este fenómeno, se desarrolló utilizando utilizando electroencefalografía (EEG) y actividad electrodermal respuestas de encuestas integradas en la plataforma de software @iMotions.

Los participantes se expusieron a diferentes intensidades acústicas al mismo tiempo que se les presentaban  alimentos altos en calorías, véase patatas fritas, hamburguesas, calamares fritos, etc..

La tarea en sí consistía en responder según les apetecía consumir «ahora» (centrarse en las sensaciones inmediatas y los sentimientos asociados con consumir la comida) o «más tarde» (centrarse en las consecuencias negativas a largo plazo asociadas con el consumo repetido).

¿Qué resultados obtuvieron?

Los resultados demostraron que intensidad acústica alta interfiere en nuestras decisiones impulsivas, presentes y por tanto nos activa el pensamiento más racional y enfocado al impacto negativo que tiene la ingesta de dichos alimentos. 

Por el contrario, en momentos de relajación, de placer, nos dejamos llevar por el impulso más de la recompensa automática y “caemos” más en los antojos.

¿Qué te ha parecido? Te apetece seguir explorando nuestro mundo de la #neurociencia aplicada a la gastronomía?